
El fixture del campeonato decía que en la onceava fecha, Alta Magia tendría en frente a Ecofútbol. Lo que no decía, tal vez por no saberlo, era que el equipo contaría con unas bajas importantes, lo cual llevaría a que sólo once jugadores dijeran presentes en la mañana dominguera de Ciudad. Once titulares, todos a la cancha, y el DT desde el banco, depositando la confianza en esos únicos once. Miró para atrás un par de veces, por inercia, y no vio ni a ese banco de suplentes que putea, chismosea y toma algún que otro mate, ni a la fotógrafa “oficial” del equipo, novia de nuestro 4 mentiroso, ni a ningún otro perdido que sentado desde afuera de la cancha, se quedaba a ver al equipo puntero.
Tal vez deba haber alguna mención al estado en que esos once jugadores pisaron el verde césped de la cancha 2. Más de uno fue víctima la noche anterior de un reggaeton mal bailado, de un Branca 70-30, de las burbujas de un champagne que consiguió gratis, o mejor dicho, de uno de los dos que consiguió - Dios quiso que juegue ese partido, y le hizo perder el vale del otro-. La cuestión es que medio equipo en inferioridad física, pero en superioridad etílica, salió a la cancha para ponerle el pecho a la situación. Otra parte del equipo, y acá me detengo sólo un segundo haciendo mención a un solo integrante del platel, no salió a la cancha, por un justificado viaje a sus pagos natales. El capitán, seguramente también en estado deplorable y con un candombe en la cabeza, dormía por esas horas a kilómetros de donde la pelota rodaba. Eso no fue, ni es, ni será, lo grave. Lo grave fue una actitud, que desde esta crónica se desliza sin llegar a más, pero que desde otro artículo, se explica, y se destruye (ver Lo que el mana se llevó).
El partido arrancó tranquilo. La pelota iba de acá para allá… el planteo 4-4-2 mentiroso planteado por el DT empezaba a surgir efecto, porque el equipo rival no encontraba la pelota, y sufría la presión que los dos extremos del medio campo ejercían sobre los laterales de salida, transformándose más en delanteros que en volantes. Así llegó el primer gol, tras un tiro libre pasado de Nico Quiroga, las dudas de un fondo que no supo calcular bien, y el oportunismo del Donky, para facturar el primero, traer más tranquilidad a los once, y empezar a construir lo que sería una goleada. Iban unos 10 minutos del primer tiempo, y la tarde de domingo ya pintaba calma. El equipo siguió tocando, con un Runge en el medio perdido, y un Moroso Tejeda que nunca se encontró. Hay quienes dicen que después del partido se justificó: “No sabía cuál de las dos pelotas seguir”, asegura que dijo una fuente cercana al equipo. La cuestión es que con la mente en cualquier lado, y con menos coordinación de la normal con el cuerpo, llegó a anticipar al arquero tras un centro frontal de Ariel, y mandó a la red lo que sería el segundo gol de Alta Magia. Se cerraba el primer tiempo, y un 2-0 que se ahogaba en el pedido de los jugadores por agua. Sí, contrariamente a lo que buscaban hacía unas cinco, seis, siete horas, estaban ávidos de bebidas sin alcohol.
El descanso fue nomás un descanso, pese a que algunos hubieran querido que se transformara en una siesta. El segundo tiempo comenzó y Ale Rosales empezó a aparecer más en la cancha. Había más espacios, Alta Magia pudo tocar más, y empezó a hacer circular la pelota. En pocos minutos, y con dos contraataques que agarraron al equipo rival en desventaja física y numérica, el Ale se las ingenió para clavar un zurdazo arriba y para estampar luego el definitivo 4-0. El Cabe Tejeda, desde el fondo, plantado como dos, como vos de mando de la defensa, cumplió un gran papel complementándose con Ariel en una dupla central infranqueable. La vuelta del negro en el surco derecho con su habitual firmeza para cerrar el carril a los rivales. Párrafo aparte para el Yaya, zurdo pampeano que fue y vino (tinto), fue y vino (espumante), y fue… y ya le costaba venir por la franja izquierda. El medio con un gran Nico Quiroga marcando el ritmo, y tapones a los rivales. Un “Hombre Mufa” Runge que no desentonó sólo gracias a lo que fue la silueta del Moroso Tejeda en la cancha. Un papel regular del primero; papel de diario, para taparle la cara, al segundo. Marco desaparecido, hasta que apareció, para pelearse. Un Ale en una pata, que igualmente movió los hilos de mitad para adelante, y un Donky aguerrido, que siempre exige arriba, que da su cuota de gol, y que cada vez escala más posiciones dentro del plantel como subcapitán, y algo más… Todo esto tuvo lugar el domingo, aunque hubiera bajas, aunque hubiera lesionados, aunque no hubiera capitán… Fecha 11 atrás, con la mente ya puesta en el posible asado del sábado, en las posibles mollejas que nos harán perder un lateral derecho, y en el compromiso de llegar al carrito, ese que, como se dijo, ya tiene dos ruedas y a Spiderman colgado. No importa dónde, o cómo, si es de noche en el boliche con un fernet en la mano, o de día en la cancha con la pelota en los pies, la magia se la banca… y la magia siempre está.


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